Hay personas altruistas, que no dicen que no a nada, que viven pendiente de la satisfacción de los demás más que de la propia. Lo malo es que así no pueden transmitir lo que quieren ya que para transmitir placer al prójimo, primero tenemos que estar a gusto con nosotros mismos y nuestra persona tiene que ser lo más importante.
- Lo que acontecía en ese momento, Antonio no lo disfrutaba, el paisaje, un posible descanso ya que estaba agotado…Llegaría al destino quemado, abatido sin ganas de empatizar con nadie, mucho menos de ayudar y teniendo una sensación frustrante.
- Si priorizamos las necesidades ajenas, el estrés y la ansiedad no tardará en entrar en escena, con nuestro cuerpo y mente agotados es imposible dedicar un mínimo a los demás.
- También se establecen relaciones de dependencia dañina entre las personas con un alto grado altruista. Se toman decisiones que debería tomar otra persona y la que recibe el presunto cariño constante, tiene el sentimiento de estar siempre agradeciendo y no tomar sus propias decisiones.
- Es decir convertimos también en culpables a la persona que recibe ya que esta persona que da, antepone la otra persona a ella misma, cosa muy difícil de devolver.
- Sobre este tema tenemos una tradición judeocristiana grabada a fuego lento en nuestra mente, Jesús dijo: “Ama al prójimo como a ti mismo”. No dijo ama al prójimo más que a ti mismo.
- Cuando un hombre se siente satisfecho, empieza a mirar con amor a los demás.
- Es necesario no rechazar cierto egoísmo personal para luego dar a los demás en plenitud de condiciones.
- El primer paso para obtener un egoísmo sano, es prestar más atención a nuestras ilusiones y necesidades.
- Para ello aunque parezca una obviedad (no lo es), tendremos que saber cuáles son, y si no tenemos buscarlas y crearlas ya que son imprescindibles para autosatisfacernos, sin tener que estar pendiente del prójimo para ser felices.
- El segundo paso sería en no decir que sí, cuando queramos decir que no, sin necesidad de justificarnos tanto. Esto requiere práctica, sino estamos acostumbrados a hacerlo.
- La justificación demuestra que no estamos convencidos de nuestro derecho a decir que no, que no somos dueños de nosotros mismos.
- El egoísmo o individualismo positivo tendrá tres boicoteadores claros el miedo y la culpa y la vergüenza.
- Aún así debemos dirigir la mirada al final del trayecto.
- Cuando logremos mirarnos a nosotros mismos sin esa sensación de culpabilidad, quedaremos más liberados y por tanto con mayor capacidad para amar a los demás.
Licenciado en Psicología egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República del Uruguay en 2006.
Psicoterapeuta y creador de contenidos educativos. Divulgador. Emprendedor digital con trayectoria desde 2007. Fundador de Espacio Gnosis, Ánima Psicólogos y director de LaWeb1, proyecto que unifica sus antiguos blogs temáticos de educación, salud y estilo de vida. Escribe sobre la intersección entre la mente humana, los negocios, estilo de vida y el bienestar.